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Naciones Unidas
Declaración del presidente de la Asamblea General en el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Como declaré en el primer discurso que pronuncié ante la Asamblea General en septiembre de este año, creo que el hecho de que no se haya cumplido la promesa de crear un Estado palestino es el principal fracaso de la historia de las Naciones Unidas. Han pasado 60 años desde que unos 800.000 palestinos fueron obligados a abandonar sus hogares y propiedades y se convirtieron en refugiados y en un pueblo desarraigado y marginado. (...) Si bien hay diferencias, lo que se está haciendo actualmente contra el pueblo palestino parece una versión de la odiosa política de apartheid.

26 de noviembre de 2008


Miguel d’Escoto Brockmann, presidente de la Asamblea General

Declaración del presidente de la Asamblea General en el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Naciones Unidas, Nueva York
24 de noviembre de 2008

Señor Presidente,
Señor Secretario General,
Excelencias,
Hermanos y hermanas,

Me presento hoy aquí ante ustedes con sentimientos encontrados en este acto organizado por el Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino con motivo del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Como saben, el concepto de “solidaridad” ocupa un lugar primordial en mi labor como Presidente de la Asamblea General. Quiero agradecer al Comité por los esfuerzos que realiza para despertar nuestra solidaridad con el pueblo palestino, en cumplimiento del mandato que le confió la Asamblea.

Hoy recordamos que este mes se cumplen 61 años desde que la Asamblea General aprobó la histórica resolución 181, en la que instó a crear un Estado judío y un Estado árabe. El Estado de Israel, fundado un año después, en 1948, celebra ahora 60 años de existencia. Es vergonzoso que todavía no podamos celebrar la existencia de un Estado palestino.

Como declaré en el primer discurso que pronuncié ante la Asamblea General en septiembre de este año, creo que el hecho de que no se haya cumplido la promesa de crear un Estado palestino es el principal fracaso de la historia de las Naciones Unidas. Han pasado 60 años desde que unos 800.000 palestinos fueron obligados a abandonar sus hogares y propiedades y se convirtieron en refugiados y en un pueblo desarraigado y marginado.

No podemos evitar reconocer, con tristeza, que resulta paradójico que el próximo mes se cumplan 60 años desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que consagra el derecho a la libre determinación de ese mismo pueblo. Somos testigos desde hace décadas de las terribles condiciones de vida que padece la población en todo el territorio palestino ocupado, y sin embargo, la promesa de una patria propia hecha al pueblo palestino, y su derecho a esa patria, siguen tan difíciles de alcanzar como siempre.

En este preciso instante, casi 1,5 millones de palestinos padecen un bloqueo sin precedentes de la Franja de Gaza. Todos los cruces de frontera hacia Gaza están cerrados, lo que impide incluso el suministro de socorro humanitario de emergencia por las Naciones Unidas. La falta de combustible está obligando a la población a vivir en la oscuridad y el frío, se están acabando los medicamentos básicos, la malnutrición es crónica y se están agotando los mecanismos disponibles para sobrellevar esta situación.

En solidaridad con los afectados, insto a la comunidad internacional a que levante la voz contra este castigo colectivo que se está infligiendo al pueblo de Gaza. Debemos exigir que terminen estos abusos generalizados de los derechos humanos. Pido a Israel, la Potencia ocupante, que permita la entrada inmediata de suministros de socorro humanitario y de otro tipo a la Franja de Gaza.

La situación en la Ribera Occidental suele quedar eclipsada por la gravedad de la crisis humantiaria en Gaza. Sin embargo, hay que recordar que en esa zona existen más de 600 puestos de control y otros obstáculos a la libertad de circulación. Debemos denunciar la reanudación de las demoliciones de viviendas durante los meses de invierno y la agresiva expansión de los asentamientos, que sigue contando con autorización oficial. Los ataques violentos de los colonos contra la población palestina, que han aumentado sin precedentes, también deben terminar. Si bien hay diferencias, lo que se está haciendo actualmente contra el pueblo palestino parece una versión de la odiosa política de apartheid.

Esta situación insostenible demuestra claramente la urgente necesidad de reanudar un verdadero proceso de paz que pueda dar resultados tangibles en el futuro próximo. Hasta ahora, las interminables negociaciones entre dos partes muy desiguales no han dado fruto. Lo que necesitamos es un nuevo sentido de la solidaridad que inspire voluntad política, valentía y una perspectiva más amplia del conflicto. Esto debería suponer, entre otras cosas, la revitalización de la Iniciativa de Paz Árabe de 2002.

La comunidad internacional no debe escatimar esfuerzos por ayudar tanto a israelíes como a palestinos a alcanzar una solución que conduzca al objetivo de la coexistencia de dos Estados, Israel y Palestina, uno junto al otro en condiciones de paz y seguridad. Las Naciones Unidas siguen teniendo actualmente la responsabilidad de resolver la cuestión de Palestina en todos sus aspectos y de conformidad con el derecho internacional. Asegurémonos de que ésta no se convierta en una responsabilidad permanente.

La enemistad entre nuestros hermanos y hermanas palestinos e israelíes es una amarga tragedia que se autoperpetúa sin cesar. Debemos hallar nuevas formas de limar esa enemistad, para ayudar a ambos pueblos a restablecer sus históricos vínculos fraternales. Exhorto a la comunidad internacional a que los ayude a salir del estancamiento político que ha hecho que se haya ido perpetuando cínicamente esta situación de odio, aislamiento y abusos. Nuestra solidaridad debe impulsarnos a adoptar medidas concretas para hacer realidad esos derechos, tan inalcanzables para algunos pero que la mayoría de nosotros damos por sentados.

Gracias.


Declaración del presidente de la Asamblea General relativa al tema 16 del programa, titulado "Cuestión de Palestina"

Naciones Unidas, Nueva York
24 de noviembre de 2008.

Excelencias,
Hermanos y hermanas,

Me complace abrir esta sesión plenaria en la que nos ocuparemos de la cuestión de Palestina. Esta mañana mantuvimos una reunión para observar, con pesar, el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. El Excelentísimo Señor Embajador Paul Badji, Presidente del Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino, el Secretario General Ban Ki-moon y yo expresamos nuestra preocupación por la terrible situación que se sigue viviendo en la Franja de Gaza y la Ribera Occidental y manifestamos nuestra solidaridad con este pueblo, que tanto tiempo lleva sufriendo.

Escuchamos el exhaustivo informe del Presidente sobre la situación actual de los palestinos que viven bajo la ocupación. Además, el Secretario General hizo un resumen de las complejas iniciativas que está adoptando la comunidad internacional a fin de avanzar con las conversaciones de paz y el establecimiento del Estado palestino.

Insté a la comunidad internacional a hacer oír su condena de la intolerable política de castigo colectivo que se ha impuesto al pueblo de Gaza. Exigimos que se ponga fin a esta violación masiva de los derechos humanos e instamos a Israel, la Potencia ocupante, a permitir de inmediato la entrada de suministros de asistencia humanitaria y de otro tipo en la Franja de Gaza.

Esta mañana, hablé del apartheid y de cuánto se asemejan las políticas israelíes en el territorio palestino ocupado al apartheid que existió en otra época y otro continente.

Creo que es muy importante que nosotros, en las Naciones Unidas, usemos este término. No debemos tener miedo de llamar a las cosas por su nombre. Después de todo, fueron las Naciones Unidas las que aprobaron la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid y mostraron claramente a todo el mundo que este tipo de prácticas de discriminación oficial deben prohibirse en todos los casos.

Hoy escuchamos a un representante de la sociedad civil de Sudáfrica. Sabemos que en todo el mundo hay organizaciones de la sociedad civil que trabajan para defender los derechos de los palestinos e intentan proteger a la población palestina, cosa que nosotros, las Naciones Unidas, no estamos haciendo.

Hace más de veinte años, las Naciones Unidas tomaron la iniciativa de la sociedad civil y acordaron que era necesario imponer sanciones para presionar de una forma no violenta a Sudáfrica para que pusiera fin a las violaciones que estaba cometiendo.

Hoy, quizás deberíamos examinar la posibilidad de que las Naciones Unidas sigan el ejemplo de una nueva generación de la sociedad civil, que pide que se adopte una campaña no violenta similar de boicot, desinversión y sanciones dirigida a presionar a Israel para que deje de cometer violaciones de los derechos humanos.

He asistido a muchas reuniones sobre los derechos del pueblo palestino. Me sorprende que se siga insistiendo en que hay que tener paciencia mientras nuestros hermanos y hermanas son crucificados.

La paciencia es una virtud en la que creo, pero no hay virtud alguna en ser paciente ante el sufrimiento de otros.

Debemos esforzarnos, de todo corazón, por poner fin al sufrimiento del pueblo palestino.

Desde siempre he sentido un profundo afecto por el pueblo judío. Nunca he dudado en condenar los crímenes del holocausto y los muchos abusos cometidos contra nuestros hermanos y hermanas judíos.

No obstante, el sufrimiento no da a nadie el derecho a abusar de otros, y mucho menos de quienes históricamente han tenido relaciones tan profundas y ejemplares con el pueblo judío.

Dicho esto, me permito recordar a nuestros hermanos y hermanas israelíes que, aunque cuenten con la protección de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, no podrán cambiar mediante la presión ni la intimidación lo dispuesto en la resolución 181 de la Asamblea General, adoptada hace 61 años, en la que se instaba a crear dos Estados.

Es vergonzoso que hoy no podamos celebrar la creación de un Estado palestino y que las perspectivas de lograrlo sigan siendo tan lejanas como siempre. A pesar de todas las explicaciones, este hecho básico pone en ridículo a las Naciones Unidas y es extremadamente perjudicial para su imagen y prestigio. ¿Cómo podemos continuar de esta manera?

Insto a nuestros queridos hermanos y hermanas que tienen poder de decisión en el país anfitrión a que pongan fin a una política que sólo consigue retrasar la justicia en el Oriente Medio.

La comunidad internacional debería hacer todo lo posible por ayudar a los israelíes y los palestinos a alcanzar una solución que cumpla el objetivo de dos Estados, Israel y Palestina, uno junto al otro en condiciones de paz y seguridad. Las Naciones Unidas siguen teniendo actualmente la responsabilidad de resolver la cuestión de Palestina en todos sus aspectos y de conformidad con el derecho internacional. Asegurémonos de que ésta no se convierta en una responsabilidad permanente.

La enemistad entre nuestros hermanos y hermanas palestinos e israelíes es una amarga tragedia que se ha ido autoperpetuando. Debemos hallar nuevas formas de limar esta enemistad, para ayudar a ambos pueblos a restablecer sus históricos vínculos fraternales

Exhorto a la comunidad internacional a que ponga fin al estancamiento político que, de manera cínica, perpetúa esta situación de odio, aislamiento y abusos. Nuestra solidaridad debe impulsarnos a adoptar medidas concretas para hacer realidad esos derechos que para algunos resultan tan difíciles de alcanzar pero que la mayoría de nosotros damos por sentados.

Gracias.