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Entrevista a Paul-Éric Blanrue, autor de "Sarkozy, Israel y los judíos"
¿Sarkozy o la soberanía nacional en peligro?

«Si se llega a difundir en Francia, el libro de Paul-Éric Blanrue, Sarkozy, Israel y los judíos (*) hará historia. Es el primer libro que arroja luz sobre estos grupos de presión que, evidentemente, quieren actuar en la sombra aunque desde la elección de Sarkozy su influencia sea cada vez más evidente», observa el físico belga Jean Bricmont (**). Porque si bien este libro se ha distribuido en varios países y ha sido traducido a cuatro idiomas, ¡aún no se ha difundido en el propio país del autor, Francia!


Paul-Éric Blanrue

Paul-Éric Blanrue, de 42 años, forma parte de estos historiadores que contestan la legitimidad de leyes que atentan contra la libertad de expresión, como la ley Gayssot [1], y que se rebelan justamente contra la intoxicación y la desinformación mediática y política.

Silvia Cattori: Su libro Sarkozy, Israel y los judíos permite comprender en qué son peligrosos para la soberanía nacional los vínculos tejidos entre Nicolas Sarkozy y las diferentes redes sionistas en Francia y en el mundo. Vínculos que, evidentemente, llevan al Estado judío de Israel, el corazón del problema. ¿Qué acontecimiento en concreto le llevó a usted a escribir este libro a toda prisa?

Paul-Éric Blanrue: Lo que hizo reaccionar fue que después de la carnicería del ejército israelí en Gaza la Francia de Sarkozy envió la fragata Germinal [2] para impedir la transferencia de armas a los palestinos asediados. Esta noticia me llenó de indignación porque era un acto político en favor de Israel muy claro por parte de Francia. En mi opinión, era un acto tanto más grave cuanto Estados Unidos no había tomado partido.

A partir de ese momento “Sarkozy, Israel y los judíos” empezó a existir verdaderamente, con lo que ocurrió en Gaza. Me escandalizó la manera cómo Francia reaccionó ante esta masacre, masacre de la que hablaron Bernard Kouchner y las personas cercanas a Sarkozy y sobre la que Bernard-Henry Lévy (BHL) disertó en Le Point.

Traté entonces de demostrar las conexiones que había, a pesar de una reserva superficial, entre BHL y varios personajes que se dicen de izquierda. Demostrar que había una verdadera coalición entre el mundo intelectual parisino, esta intelligentsia decrépita, y la política pro-israelí de Sarkozy, y que era muy grave.

Dicho esto, soy un observador de lo político. El año pasado, cuando estaba redactando un librito sobre el matrimonio de Sarkozy [3] ya había acumulado muchas informaciones. Había seguido su campaña electoral; había señalado como gracias a Henri Guaino [4] Sarkozy había logrado hacerse pasar por un «gaullista». Unas veces era liberal en su discurso, otras muy proteccionista. La pregunta era, ¿cuál iba a ser el resultado?

A continuación constaté que la estrategia abiertamente pro-israelí de Sarkozy no había sido sólo una táctica para resultar elegido, sino que continuaba ateniéndose a ella. Los resultados están ahí. Hoy vemos que se aferra a ella y que es incluso más pro-israelí de lo que lo era George W. Bush.

¿Qué vimos el mes de enero de 2009? Alain Finkielkraut fue condecorado con la Legión de Honor [5]. Y en abril le tocó a André Glucksmann. ¡Y todo ello era lógico, respondía a una lógica increíble! Y, ¿a quién vemos hoy desfilar por Trocadero contra el presidente Ahmadinedjad? ¡A los mismos! Vemos a Pascal Bruckner, BHL, Alain Finkielkraut, André Glucksmann, Jack Lang. En resumen, todo el entorno pro-israelí de Sarkozy.

Silvia Cattori: ¿BHL no pertenecía al entorno de Ségolène Royal?

Paul-Éric Blanrue: BHL formó parte del entorno de Ségolène Royal durante la campaña electoral pero no por mucho tiempo. La red pro-israelí no debe de considerarla suficientemente sionista [6]. Es una de las pocas personalidades políticas que expresó sus reservas sobre la cena [anual] del CRIF.

Silvia Cattori: En usted se percibe un viento de libertad, una energía completamente juvenil, una fuerza, una seriedad. Es fascinante. Así pues, ¿lo que le llevó a reaccionar fue este alineamiento de Francia con la política de un país que predica la guerra contra sus vecinos árabes y contra el Islam? Es decir, sin esta alianza entre la Francia de Sarkozy e Israel ¿Sarkozy, Israel y los judíos nunca habría visto la luz?

Paul-Éric Blanrue: En efecto. Lo que me llevó a reaccionar fue el envío por parte de Sarkozy de esta fragata destinada a impedir que la resistencia palestina recibiera armas. Esta decisión me pareció grave porque aquí ya no estábamos simplemente en el discurso.

Bajo la presidencia de Jacques Chirac Francia nunca habría actuado de esta manera. Ni bajo la presidencia de François Mitterrand. Ni aunque con este último las cosas fueran más complejas.

Cuando Sarkozy hacía unas declaraciones destinadas a meterse en el bolsillo a los musulmanes franceses o a los católicos [7], nosotros lo podíamos achacar a una demagogia puramente electoral. Pero con el envío de una fragata a aguas controladas ilegalmente por Israel, Sarkozy entraba en acción.

Ya en 2006, durante la agresión israelí contra Líbano, Sarkozy (entonces ministro) había tomado un claro partido pro-israelí al preguntar a Zeev Boïm, ministro israelí que estaba de visita en París, «cuánto tiempo» necesitaba «para terminar el trabajo». Pero entonces no emprendió ninguna acción concreta, sólo esa sorprendente toma de partido.

Silvia Cattori: Usted ha logrado hacer accesible a un público amplio una realidad muy compleja. Se comprende que el año 2007 marca un momento crucial con la llegada de Sarkozy al Eliseo. Es el final del régimen «gaullista». ¡Francia yo no será nunca más esa nación única a ojos del mundo! Se acabaron las resistencias a las presiones del las redes pro-israelíes. Usted lucha contra un tabú. Personalidades visibles que en el pasado osaron infringirlo lo pagaron caro. Pienso en Raymond Barre, Dieudonné, Tariq Ramadan, Guigue [8]. ¿Los tiempos son hoy más propicios? ¿No ha pensado usted que camina sobre un campo sembrado de prohibiciones?

Paul-Éric Blanrue: No me he planteado saber si es peligroso o no. Si me lo planteara, creo que no haría nada, me quedaría en casa mirando la televisión y comiendo patatas fritas. Ésta nunca ha sido mi manera de pensar ni de actuar. No puedo vivir sin decir lo que pienso. Creo que hay en mí una forma de energía o de reivindicación de libertad, como Fanfan-la-Tulipe: un lado mosquetero. No soporto la injusticia ni la imposición ni la prohibición de expresarse. ¡Esta prohibición es algo espantoso!

Es muy grave cuando ya no se tiene derecho a expresarse. Entonces, cuando se vive en un país en el que la palabra «Libertad» está inscrita en el frontón de todos los monumentos, creo que, cuando menos, hay que levantarse. Creo en la virtud del ejemplo de la persona que parte al combate, «sin miedo y sin reproches». Un lado caballero Bayard. Pero no quiero compararme a estos personajes porque, de todos modos, lo único que hago es escribir. Soy un escritor, no voy al combate con un fusil. Mi fusil es mi pluma. Por lo tanto, lo que hago es tratar de ser eficaz en mi dominio.

Además, no soy en absoluto partidario de la guerra; al contrario, este libro es un libro pacífico o eso espero, en todo caso. Llama a la calma y a la razón a estos representantes de la comunidad judía, como el Consejo Representativo de las Instituciones Judías (CRIF), que no confundo con el conjunto de la comunidad judía. Les digo que no les interesa aumentar la tensión.

Por lo demás, se presta demasiada atención a estas redes pro-israelíes francesas. Es cierto que tienen mucha influencia, sobre todo hoy que han llegado al poder gracias a su hombre incondicional, gracias a Sarkozy. Pero creo que en realidad son muy débiles y están muy divididos. En el seno del CRIF hay enormes tensiones. Su ex-presidente, Théo Klein, ha sido calificado de terrorista por uno de sus sucesores. Además, basta con escuchar Radio J o Radio Shalom – las escuchaba todas las noches cuando escribía el libro – para comprender la dimensión de las disensiones internas.

Los pro-israelíes se sienten fuertes porque algunos de ellos ocupan puestos altos. Un diputado de cada seis pertenece al Grupo de Amistad Francia- Israel. Han logrado que el poder político acuda cada año a la cena del CRIF. Pero al presidente Sarkozy nada le obligaba a acudir. Bastaría con que la clase política dijera al CRIF «no acudiremos a su cena anual» para que esta influencia cayera. Han llegado a la cumbre de su poder y lo único que pueden hacer es caer.

Silvia Cattori: Usted muestra todo esto en perspectiva. En este sentido sus reflexiones abren una brecha. Pueden llevar a quienes le leen a rechazar este clima de intimidación y de miedo creado por el CRIF y compañía. Usted afirma: «He hecho todo lo posible para que este libro pueda ser una base de discusión razonable entre dos campos opuestos en todo. Es necesario que la situación se desbloquee…». ¿Qué posibilidades hay de salir de este bloqueo y cómo ve usted estos dos campos?

Paul-Éric Blanrue: Creo que «los judíos» de Francia – no hablo de sus representantes, sino de todos los judíos en tanto que pertenecientes a la religión judía - tomarán un día conciencia del hecho de que el CRIF los manipula, de que el CRIF, que pretende representarlos, no los representa en absoluto. Y que ello da una muy mala imagen. Dentro del CRIF hay personas que no soportan esta situación. Ayer conocí a un periodista de un periódico suizo y de un semanario francés que me dijo: «No te puedo entrevistar porque mi redacción no lo permitiría, pero estoy completamente de acuerdo con lo que dices; estoy escandalizado con lo que les pasa a los palestinos y no estoy de acuerdo con el hecho de que el CRIF hable en mi nombre».

Por eso hablo de «los judíos», porque creo que en este momento pueden actuar, ser una de las fuentes de salvación. Como decía Léon Bloy: «¡la salvación por los judíos!». En otras palabras, a lo largo de la historia con frecuencia [los judíos] han tenido caracteres, personajes que han sobresalido. No soy en absoluto religioso, pero si se observa el cristianismo, es una rama que rompió con el judaísmo para hacer algo completamente diferente, una obra civilizadora con visión universal. Ha habido personalidades eminentes que rompieron con las sinagogas, como Spinoza; en otro dominio, el propio Karl Marx rompió con su medio. Espero que surjan personalidades y contesten el poder del CRIF. Apelo a ellos porque, precisamente, si las personas que no son de confesión judía se empeñan en llevar a cabo campañas, por ejemplo, contra la existencia de la ley Gayssot o contra las prerrogativas del CRIF, o contra la cena que éste organiza, serán marginadas y acusadas de antisemitismo, y, por consiguiente, completamente descalificadas, en todo caso a ojos de los medios de comunicación.

Silvia Cattori: Usted dice «los judíos» como si se tratara de una etnia, como si se tratara de un pueblo, cuando se trata de una religión. Entonces, ¿por qué no decir «las personas de confesión judía»?

Paul-Éric Blanrue: Estoy completamente de acuerdo con usted. «Judío» es en primer lugar y ante todo una religión. Debido al sionismo algunas personas, como Moses Hess o Theodor Herzl, empezaron a hablar de pueblo, de etnia o de raza judía. Evidentemente, esto es una aberración total. Shlomo Sand lo ha demostrado muy bien [9]; hubo una fabricación que es absolutamente desastrosa porque confunde dos cosas: una religión milenaria y una ideología política destinada a existir al lado de la primera, incluso a reemplazarla, algo que han comprendido muy bien algunos rabinos que se oponen al sionismo desde su origen.

Silvia Cattori: ¿Esta confusión no sirve a un objetivo ideológico muy preciso?

Paul-Éric Blanrue: Si, el objetivo es muy claro. En primer lugar diría que el objetivo principal del CRIF hoy es aprovecharse de este término «judío», de la asimilación entre pueblo y religión. En particular estoy pensando en la campaña que llevan a cabo en este momento para que se apruebe la ley llamada «Ley Martin Luther King». El objetivo de esta ley, que está en gestación, es asimilar legalmente el antisionismo al antisemitismo. Si se aprueba esta ley querrá decir que en Francia el antisionismo será considerado delito. Criticar a Israel podrá llevarle a la cárcel. Es muy grave. La Unión de Empresarios Judíos de Francia (UPJF, por sus siglas en francés) es quien apoya este proyecto de ley transmitido a todos los diputados franceses. Es el sindicato sionista más fuerte de Francia (digo fuerte en todo el sentido del término). La UPJF eligió a Sarkozy «político del año» en 2006, un año antes de las presidenciales.

Silvia Cattori: Que yo sepa, antes que usted ningún autor había tratado en Francia, ni siquiera en Europa, esta cuestión de las redes pro-israelíes. Usted demuestra cómo unas personalidades políticas muy bien situadas hacen pasar los intereses de Israel o de Estados Unidos ¡por delante de los de su propio país! Se ve cómo Sarkozy llega a echar abajo los valores de la República Francesa. Y eso supone una doble sumisión. Todo ello es de una gravedad extrema. Y una se dice extrañada: ¿cómo es posible que antes que usted no haya habido nadie, ni siquiera en la oposición, que denuncie estos desmanes?

Paul-Éric Blanrue: No ha habido nadie porque la gente en general está aterrorizada, moral, mental y profesionalmente. No por casualidad mi editor es belga. Al menos él no puede padecer las iras de Sarkozy. Estas iras pueden ser múltiples: pueden ir desde la rectificación impositiva a ser citado por la policía, a la retención judicial y la pérdida de trabajo.

Silvia Cattori: ¿No teme usted estas iras?

Paul-Éric Blanrue: No, no las temo. No, no temo nada. Si fuera necesario me iría a escribir al extranjero. Si me tengo que ir, me iré. Si me tengo que exiliar, me exiliaré, no es grave. Me gano la vida escribiendo. Puedo escribir en cualquier parte, incluso en el desierto. Es importante que este libro se difunda en Francia. Está en todas las librerías belgas. Se va a publicar en Canadá. Se venderá en Oriente Medio, en América de sur, en los países anglosajones. ¿Por qué no lo iban a tener los franceses?

Silvia Cattori: Usted lo presenta muy bien. Sarkozy siempre ha dejado entender lo que él proyectaba realizar, muy inquietante. Nunca ha ocultado que iba a poner a Israel en el centro de todo y a Francia al servicio del proyecto unipolar de Estados Unidos. Mucho antes de ser candidato dejó entrever que se consagraría a hacer presión a favor de Israel, que los objetivos designados por Israel – las fuerzas de resistencia anticolonial de Hamás, de Hizbolá, los Hermanos Musulmanes que se oponen al régimen dictatorial de Mubarak, Irán – iba a ser también sus objetivos prioritarios. ¡Curiosamente, esto nunca hizo reaccionar a sus oponentes! Recuerdo que Nicolas Dupont-Aignan tuvo la honradez de decir en 2007: «Nos encontramos en vísperas de un cambio profundo de la política exterior de Francia si Nicolas Sarkozy o Ségolène Royal son elegidos» [10]. ¿Está usted de acuerdo con esta simetría entre los dos grandes partidos?

Paul-Éric Blanrue: Nicolas Dupont-Aignan tenía razón. Si hubiera resultado elegida, Ségolène Royal no habría gobernado sola. Es cierto que no tiene la misma visión de Oriente Medio que Sarkozy, la considero mucho más prudente. En cambio, habría estado rodeada de consejeros, de ministros que sí están vinculados a la red pro-israelí. ¿Habría tenido la fuerza, la inteligencia, la cultura suficientes para resistir a su presión? No estoy seguro. No hay que olvidar que Bernard Kouchner estaba en el Partido Socialista. Ségolène Royal probablemente lo habría nombrado jefe de la diplomacia exterior.

Usted vio el clamor de protesta cuando Sarkozy – una vez más muy agudo, muy astuto – había dejado creer que dudaba entre Védrine y Kouchner. El nombre de Hubert Védrine enseguida suscitó protestas en Jerusalén. El Jerusalem Post publicó un titular «Estamos sobrecogidos». Un periodista francés de la televisión BFM, que estaba allí, informaba entonces que Kouchner era considerado [en Israel] más «israeló-compatible que Hubert Védrine».

Silvia Cattori: Por lo tanto, ¿lo que prima no es la tendencia de izquierda o de derecha, sino el hecho de que tal político se identifique claramente como sionista?

Paul-Éric Blanrue: Exactamente. Las redes pro-israelíes habían apostado desde hacía mucho tiempo por Sarkozy, pero no pusieron todos los huevos en el mismo cesto. En todos los partidos tienen personas que los orientan: Strauss-Kahn y Sarkozy, tanto monta, monta tanto. Ésta es la razón por la que Sarkozy, hoy «rey de los sionistas», consigue corromper a los socialista o a los centristas. La interpretación del gobierno es que es sionista y que la mayoría de las personas que él nombra, incluido últimamente Frédéric Mitterrand, son amigos sin complejos de Israel.

Silvia Cattori: ¿Pueden también mostrarse pro-israelíes por oportunismo?

Paul-Éric Blanrue: ¡No he sondeado las entrañas de Sarkozy y de todo su entorno en relación a esta cuestión! Creo que Sarkozy actúa más por oportunismo que por tradición familiar. Una anécdota divertida, hace poco me encontré en la plaza Péreire, cerca de los Campos Elíseos, con Patrick Buisson, un hombre brillante, uno de los consejeros de Sarkozy durante las presidenciales. Sarkozy tenía la opción de captar los votos del centro o los de extrema derecha, es decir, los votos de Le Pen. Y Patrick Buisson, que viene él mismo de la «derecha nacional» (tenía una función importante en el semanario Minute) le aconsejó pescar los votos de Le Pen. Lo único era que para obtener los votos de Le Pen había que tener un poco el discurso de Le Pen sobre los emigrantes, los banlieues; ¡hablando de «limpiarlos con chorros de agua a presión» Sarkozy iba aún más lejos que Le Pen! Pero, ¿cómo hacer para que no se le considerara racista y para que no hubiera una campaña contra él en toda la prensa francesa que los asimila a Le Pen? Pues bien, muy sencillo: se presenta como sionista. En otras palabras, tiene de su parte a, por ejemplo, la LICRA (Liga Contra el Racismo y el Antisemitismo), cuyo presidente es Patrick Gaubert, uno de sus mejores amigos y también él un militante sionista. ¿Lo ve?

Envié mi libro a Patrick Buisson; cuando leyó el título, me dijo: «Pero, como usted sabe, Nicolas Sarkozy no se siente especialmente judío, se siente inmigrante húngaro». Le respondí: «Eso es exactamente lo que yo digo, es por oportunismo, por demagogia o, en todo caso, por interés político por lo que ha ido hacia el lobby pro-israelí, estadounidense en primer lugar, para después ir de gira a Israel y presentarse como valor refugio de los sionistas franceses». Añadí que, evidentemente, como apoyaba a Israel, esperaba a cambio el apoyo de Israel. Y entonces Buisson me dijo: «Ah, desde luego, es verdad que apoya a Israel, no se puede decir lo contrario». Lo decía en un tono casi desengañado, semi-irónico.

Silvia Cattori: ¿No ha habido reacciones judiciales? En 2003 el simple sketch del humorista Dieudonné desencadenó por mucho menos toda una avalancha de procesos. El Estado se mezcló en ello, lo que provocó que Dieudonné fuera perseguido por una infinidad de tribunales. ¿El antisemitismo demasiado desvirtuado ya no es un argumento que se sostenga?

Su abogado, John Bastardi Daumont, ha calificado la negativa del medio editorial francés a difundir su libro de «censura por el vacío» [11]. ¿No es eso una señal de que los derechos fundamentales están amenazados en Francia? ¿Se puede hablar de censura política?

Paul-Éric Blanrue: El excelente y muy valiente John Bastardi Daumont, que lucha con ardor a mi lado, ha dado con el término justo. Pero, cuidado, mi libro no está prohibido; en sentido legal, no puedo hablar de censura política. No conozco la razón exacta por la que no se ha difundido. Dicho esto, mi libro es muy ponderado, no es en absoluto un panfleto, ofrezco 500 referencias. Por lo tanto, sigue siendo extraño que no se difunda en Francia. Pero sobre todo deberían haber hablado de ello los periodistas franceses, deberían haberse dicho: «¡Vaya, un libro que habla de Sarkozy y que no se difunde, qué raro!». Ahora bien, ni un periodista francés ha dicho una palabra, mientras que el año pasado, cuando publiqué dos libros - Carla et Nicolas, Chronique d’une liaison dangereuse y Jérôme Kerviel seul contre tous [Carla y Nicolas, una relación peligrosa y Jérôme Kerviel, solo contra todos]- tuve cobertura mediática una muy amplia.

Se ha querido hacer un silencio total sobre mi libro. Lo que ellos no saben es que mi libro va ya por la segunda edición. He introducido correcciones, mi abogado añadirá un prefacio en el que explicará con detalle el concepto de censura por el vacío. Estamos sobre el buen camino para encontrar quien lo difunda en Francia. El libro se ha traducido al inglés, español y árabe.

En cuanto a la acusación, falsa, de antisemitismo, ya no surte efecto en absoluto frente a las personas que no lo son, particularmente entre la generación joven. Es un argumento demasiado desfasado, que se ha utilizado demasiado. En internet los jóvenes han encontrado un pequeño reclamo para burlarse de las personas que utilizan este argumento, son los «puntos Godwin »… Es como un comodín; se dice: «¡Has utilizado el argumento de Hitler, has perdido, estás eliminado automáticamente del debate!»

Se ha visto con el libro de Pierre Péan sobre Kouchner [12]. Eso no ha funcionado. Este argumento no funciona. No tengo complejo en absoluto y apelo a los franceses a que hagan lo mismo.

Silvia Cattori: ¿Se esperaba usted este ostracismo humillante?

Paul-Éric Blanrue: ¡No es en absoluto humillante! ¡Al contrario, es un honor! Demuestra que verdaderamente ha acertado en el corazón del objetivo.

Silvia Cattori: Ha dicho que no tiene miedo de nada. Sin embrago, he notado que las personas que le leen y que le aprecian tienen miedo por usted. Le consideran «valiente». Esto hace pensar que hacen falta agallas para hablar de Israel y de quienes legitiman sus crímenes. Usted habla de una realidad muy inquietante, hecha de manipulaciones y de imposturas cuyo objetivo maquiavélico ¿no es acaso preparar la próxima guerra? ¡Esto le honra, pero también le expone!

Paul-Éric Blanrue: Se aprecia este libro porque viene a confirmar lo que la gente presentía, comprendía, pero no se atrevía o no podía hacer explícito por falta de información. Por lo que se refiere a la próxima guerra, efectivamente creo que Israel se cree obligado, para sobrevivir, a mantener un permanente clima belicoso. En Israel también hay divisiones. De hecho, lo que les permite asegurar su cohesión es la designación de un enemigo común, ayer Sadam, hoy Ahmadinedjad.

Silvia Cattori: El fracaso de la política del «Gran Oriente Medio» de Bush, el descrédito y debilitamiento de Estados Unidos son un tema que preocupa a las autoridades israelíes. ¿No ha llegado Sarkozy en el momento justo, como un milagro para Tel Aviv?

Paul-Éric Blanrue: Un milagro, sin embargo, que se preparaba desde hacía mucho tiempo. Desde la segunda Intifada, en 2000, apostaron por Sarkozy, el caballo apropiado; y él ha visto todo el interés político que podía obtener de ello.

Era un toma y daca. Sarkozy se dijo: voy a ser llevado al poder gracias a las redes; y los estados mayores israelíes se dijeron: una vez que nuestros amigos lleguen al poder va a venir a parar a nuestras manos otro país para apoyar el eje Israel- Estados Unidos.

Por ahora han ganado completamente. El único problema es que Sarkozy no había previsto lo que iba a decir Obama. Se pensaba que Obama iba a ser un buen pro-israelí, un buen sionista con Emanuel Rahm a su lado.

Una vez dicho esto, cuidado, puede ser que Sarkozy sea como la persona que orienta a Washington, que sea quien va más lejos que la administración Obama para tantear el terreno.

Silvia Cattori: ¡Lo acabamos de verificar con Irán! Ahí donde unos dirigentes un poco sensatos, como Obama, han permanecido de entrada muy prudentes, reservados, los pro-israelíes, esta red sionista a la que usted ha identificado muy bien, les han obligado a bailar a su son. ¿No quedó Sarkozy en ridículo convocando a dos diplomáticos iraníes? ¿Quería hacer olvidar lo que es el meollo del problema: Palestina?

Paul-Éric Blanrue: Sí, por supuesto. Es una operación de distracción en relación a los excesos del ejército israelí en Palestina. Los mismos que justificaron Gaza son quienes quieren desfilar contra Irán. Sarkozy es ridículo pero, por el momento, los franceses no se dan cuenta. Por el momento, yo soy el niño del cuento de Andersen que dice «el rey está desnudo». Es un poco mi estatuto; todo el mundo ve que es obsesivamente pro-israelí, pero nadie se atreve a decirlo .

Silvia Cattori: ¿Siguen estando sobre la mesa los planes de guerra contra Irán de Sarkozy – Kouchner?

Paul-Éric Blanrue: Es seguro que en los próximos años van a hacer todo lo posible para desestabilizar a este país. Israel está obsesionado con Irán. Francia hará todo lo posible para ayudar a Israel. Pero creo que con Irán han dado con un hueso duro de roer. Algunos han tratado de desestabilizar Irán desde el interior y no lo han logrado. No lo lograrán. Puede haber una guerra. Pero creo que Estados Unidos no atacará a Irán. Tienen otras muchas posibilidades para desestabilizar Irán.

Silvia Cattori: Esta empresa de la red pro-israelí en Francia se ha acentuado en el momento en que en Estados Unidos los neoconservadores habían perdido su brío. También en el momento en que Bush, el aliado de Israel, se tambaleaba. ¿No se ha esforzado Sarkozy en sacar a Israel de ese mal paso? ¿No se considera el jefe de las redes neoconservadoras pro-israelíes en el mundo?

Paul-Éric Blanrue: Es una buena definición. Se ha convertido en el sustituto Bush. Tengo la impresión de que la estrategia israelí es una estrategia de huida desesperada hacia delante; veo que los pueblos de todo el mundo se revelan. Acuérdese de la conferencia de «Durban II» [13]. Los sionistas se prepararon durante tres o cuatro años para desestabilizarla. No lo lograron.

El día en que Estados Unidos comprenda que Israel le es perjudicial, que es una amenaza, será el final del apoyo financiero y militar. Si cortan los fondos, ¿que va a ser de Israel? ¡Francia no puede apoyar financieramente el esfuerzo militar de Israel!

Silvia Cattori: ¿No ha situado el acuerdo militar firmado entre Francia y el Emirato de Abu Dhabi, cuando Sarkozy inauguró una base militar, a Francia en la vanguardia de un posible conflicto con Irán?

Paul-Éric Blanrue: Este es exactamente el tema de mi libro. Sarkozy pone la presión en Irán porque es un país que en el plano geoestratégico no está controlado por Estados Unidos. Unida a estas razones está la cuestión metafísico-política de Israel, el cual tiene sus propios intereses. Creo que Sarkozy se ha vuelto más pro-israelí que pro-estadounidense. Puede convertirse en el nuevo Bush.

Sarkozy nos arrastra a una carrera desenfrenada hacia la guerra.

Me gustaría que ahora se pusieran sobre la mesa las cuestiones más graves que planteo en “Sarkozy, Israel y los judíos”, que se pudieran discutir con los responsables políticos. ¡Y que nos expliquen a dónde vamos ahora que Francia apoya a Israel! Acuérdese de que Kouchner había proclamado en 2007 que la alternativa «es la guerra».

Israel y sus amigos están persuadidos de que la guerra les permite existir. No pueden existir sin ello. Si no se mueven se degradan, pierden toda la fuerza. Están obligados a estar siempre en posición de ataque. Si están en la menor posición defensiva para Israel, pierden. Tienen que atacar en permanencia. Por eso perderán.

Silvia Cattori: Sin Bernard Kouchner, sin su diplomacia brutal, violenta, sin su barniz «socialista», ¿habría logrado Sarkozy hacer tragar a los franceses esta sumisión total a Israel y esta formidable animosidad frente a todos los Estados que representan un obstáculo para el proyecto atlantista, Tel Aviv – París – Estados Unidos?

Paul-Éric Blanrue: Los franceses se desentienden de la política exterior. Sin Kouchner, hubiera habido otra persona y habría pasado lo mismo. Sarkozy ha sido programado para cumplir un programa preciso: lo ha hecho. Si dejara de dar fuertes señales de adhesión a Israel es probable que las redes que le ayudaron a acceder al poder lo abandonaran. No tiene interés alguno en decepcionarlos. Así pues, va a seguir puesto que está claro que quiere ser reelegido en 2012.

Silvia Cattori: Por tanto, ¿adquiere todo su sentido la denominación de « Sarkozy el israelí»?

Paul-Éric Blanrue: Como usted sabe yo no fui el primero en llamarle «Sarkozy el israelí», fueron algunos de los círculos israelíes.

Silvia Cattori: En conclusión, la política de Sarkozy puede tener graves consecuencias sobre la política interior, si se aprobara la «Ley Martin Luther King». Y en el plano exterior, cuando la independencia de decisión de Francia ya se ha visto comprometida por su vuelta al mando integrado de la OTAN, el alineamiento de Sarkozy con Tel Aviv lleva a Francia por un camino peligroso: a convertirse en cómplice de estas operaciones criminales de desestabilización emprendidas por el Mossad para asegurar – como usted ha dicho – el «permanente clima belicoso que Israel necesita para sobrevivir». Es decir, a favorecer que se desencadenen nuevas guerras. ¿No es esto lo más grave?

Paul-Éric Blanrue: En Francia Sarkozy dirige todo o, en todo caso, trata de hacerlo porque en realidad sus medios de acción están limitados por la crisis, por Europa, etc. Gesticula mucho. Se le oye todos los días, o casi todos, en la televisión, como si fuera una locutora. Pero incluso si sus medios de acción no son tan importantes como algunos temen, todavía tiene capacidad para arrastrarnos a una nueva guerra porque ¡sigue siendo el jefe de los ejércitos! Mi libro da la alarma en ese plano. Quiero informar a los franceses de los riesgos que corre nuestro país. Cuanto más apoya Francia a Israel, más peligro corremos de entrar un día en guerra a su lado, en Líbano, en Irán o en otra parte. ¡Pero para que se me oiga haría falta que mi libro fuera difundido en mi propio país! Algunos días me pregunto a dónde ha ido Francia. Afortunadamente soy optimista por naturaleza. Y como historiador sé que ningún combate se pierde de antemano, sobre todo en nuestro país, a veces lento en comprender, pero cabezota.

Silvia Cattori

(*) «Sarkozy, Israël et les juifs», Editorial Marco Pietteur, 2009.
Pedido en Bélgica: http://www.oserdire.com/

(**) Figura del movimiento anti-imperialista, Jean Bricmont es profesor de física teórica en la Universidad de Louvain (Bélgica). Ha publicado sobre todo «Impérialisme humanitaire. Droits de l’homme, droit d’ingérence, droit du plus fort», (Editorial Aden, 2005).

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos (08.07.2009):
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88302



[1N. de la t: La «Ley Gayssot» es el nombre con el que se conoce la ley francesa 90-615 del 13 de julio de 1990 presentada por el diputado francés del mismo nombre y que «tiende a reprimir toda intención racista, antisemita o xenófoba» o la parte de esta ley que introduce un «artículo 24 bis» en la ley de prensa. Es ley no innova ya que se limita a recordar la ley del 1 de julio de 1972 relativa a la lucha contra el racismo.

[2«La France participera au Blocus de Gaza», sindibad.fr, 24 de febrero de 2009.

[3«Carla et Nicolas: Chronique d’une liaison dangereuse», (con Chris Laffaille). Scali, 2008.

[4Y Henri Guaino es, desde el 16 de mayo de 2007, consejero especial de Nicolas Sarkozy y autor de todos sus discursos.

[5Nombrado por Sarkozy oficial de la Legión de Honor el 1 de enero de 2009.

[7Visita oficial al Papa en diciembre de 2007.

[8Véase sobre
- Raymond Barre:
«Raymond Barre se dit injustement accusé d’antisémitisme», saphirnews.com, 7 de marzo de 2007.
- Tariq Ramadan:
«Oui Monsieur Tariq Ramadan est un antisémite», licra.org, 27 de octubre de 2003.
- Bruno Guigue:
«Bruno Guigue l’honnête homme, sanctionné», por Silvia Cattori. silviacattori.net, 26 de marzo de 2008.

[9Shlomo Sand: «Comment le peuple Juif fut inventé», Ed. Fayard.

[10Véase: « Nicolás Dupont-Aignan: "Es tiempo de que Francia salga de la OTAN" », por Silvia Cattori, Red Voltaire, 3 de febrero de 2007.

[12«Le Monde selon K.», de Pierre Péan, Ed. Fayard.

[13Véase: «El documento final no responde a las aspiraciones de los pueblos» , por Silvia Cattori y Sandro Cruz, rebelión.org, 27 de abril de 2009.